Comuna de París – Genocidio en Gaza

Nota Introductoria: Traducción realizada en conjunto por Aradenatorix y Benjamín Argumento. La idea de que «Palestina es el futuro del mundo» y de que el mundo avanza a un sistema de «apartheid mundial con zonas de sacrificio para las poblaciones ‘excedentes'» nos parecen sumamente relevantes, más a la luz del campo de exterminio encontrado en Teuchitlán, Jalisco, que nos hace ver como inmediatas para América Latina las advertencias de los camaradas de Portugal. 

Cuerpos de Palestinos masacrados en Gaza por las fuerzas de ocupación israelí al lado de cuerpos de communards masacrados por Versalles en la represión que siguió a la Comuna.

Publicado por Colectivo Ruptura el 20 de Marzo de 2025

La mañana del 18 de Marzo hace 154 París fue despertada por gritos de “¡VIVA LA COMUNA!”. Las masacres por parte de la burguesía contra el joven proletariado en junio de 1848 habían dejado clara, por lo menos para la endurecida vanguardia que sobrevivió, la necesidad de que este se organizara para tomar el poder y aplastar el aparato estatal burgués. En 1871, el proletariado se erguía de nuevo, y esta vez la necesidad de su dictadura era reconocida y respondida con una fuerza explosiva por parte de sus masas: con la Comuna, el proletariado hizo una crítica armada de las vacilaciones de sus primeros intentos de emancipación.

También fue el 18 de Marzo, pero de este año, que Israel volvió a bombardear Gaza, matando a 400 palestinos en un solo día, con un número de víctimas que aumenta constantemente. Desde el cese al fuego de enero, Israel ha escalado su ofensiva contra Cisjordania y más específicamente contra el campo de refugiados de Yenin, superando incluso las masacres que cometió allí durante la Segunda Intifada, y ha seguido matando e imponiendo el bloqueo humanitario a Gaza. También esta semana, que Yemen, en reacción a la violación del cese al fuego por parte de Israel, volvió a bloquear el Mar Rojo, siendo inmediatamente bombardeado por los Estados Unidos. El exterminio activo sionista parece volver a la región, con el fin de un cese al fuego que se había firmado en condiciones de derrota para las diversas fuerzas que componen el llamado “Eje de la Resistencia”.

El régimen de Assad, sin fuerzas para mantener de su lado la red de milicias y clanes en la que, ya desde 2011-2012, su aparato estatal se había separado y destrozado, cayó, con el país desintegrado y dividido entre facciones islamistas apoyadas por Occidente, la ocupación israelí al sur, y lo que queda de Rojava y las fuerzas pro turcas al norte. Durante la agresión israelí en Líbano, Hezbolá mostró también no ser la misma fuerza, cuantitativa y cualitativamente, que era en 2006, viéndose, al ser forzado a firmar un cese al fuego, incapaz de contestar al plan sionista de separar los frentes de la guerra regional para enfrentarse a ellos uno por uno. Irán, un país que oprime y masacra brutalmente al proletariado, a las mujeres, a los inmigrantes y a las diversas minorías nacionales dentro de sus fronteras, permanece pasivo delante del genocidio, reaccionando apenas puntualmente a los ataques directos.

La “Guerra contra el Terrorismo” y el expansionismo sionista hacen que, en lo inmediato, la “Paz” implique la normalización de las relaciones con Israel y la aceptación de los varios millones de muertos que exige el proyecto sionista: ésta es la “Paz” que buscan los estados árabes alineados con Riad y que les permitirá sacar provecho y obtener la fuerza militar necesaria para reprimir las revueltas en sus países.

La “paciencia estratégica” de Irán y las acciones del “Eje de la Resistencia”, también vinculadas de diversas maneras al paradigma de la “Guerra contra el Terrorismo” (con, por ejemplo, la complicidad de Irán y las milicias iraquíes pro-Eje en la invasión y ocupación estadounidense de Irak1), demostraron no estar a la altura de las tareas planteadas por la resistencia palestina en la Operación “Tormenta de Al-Aqsa”. Sólo Ansarallah en Yemen, al frente de un país con todavía fuertes restos de formas de producción precapitalistas, condenado por el sistema-mundo a un lugar de subdesarrollo y también a ser sacrificado a los planes de los países árabes —en resumen, donde los problemas y los límites de la revolución anticolonial, luego nacional-revolucionaria, siguen estando a la orden del día— pudo entender el objetivo de este levantamiento, que era volver imposible el proyecto israelí de normalización regional y genocidio silencioso, y la escalada total que implicaba apoyarla seriamente.

Es la unidad de los “hambrientos de la tierra” al elegir convertir toda la región en un campo de batalla2 en lugar de dejarse conducir “pacíficamente” hacia el exterminio, y no la política interestatal, la que fue puesta sobre la mesa. Las repetidas incursiones del régimen sionista en Gaza demuestran que, para Israel, la “paz” significa reagrupar sus fuerzas y arrastar a la resistencia palestina a una mayor dependencia del terreno diplomático, donde radican la mayor parte de sus contradicciones y límites3. Ya los proyectos políticos democráticos occidentales, a su vez, se asientan sobre los escombros de Gaza, Yenin o Saná; por lo que la paz entre colonialistas y colonizados es imposible. La lucha contra Israel no puede llevarse hasta sus últimas consecuencias mientras esté dominada por regímenes burgueses —ya sea Irán, el equipo legal de Sudáfrica en la CIJ, o la farsa de la “diplomacia europea”— más dispuestos a proteger su propio pellejo que a ganar. Mientras tanto, en el núcleo imperial occidental, con la militarización en curso de la UE y el uso de deportaciones para reprimir al movimiento antiimperialista, la Guerra contra el Terrorismo se funde cada vez más con la Guerra contra el proletariado inmigrante.

La democracia en que vivimos lleva irreversiblemente el ADN y el repertorio del fascismo, del Holocausto y de múltiples genocidios coloniales: ya hable de armamento o de paz, de policía o de redistribución, hoy apunta hacia una mera gestión de las crisis crónicas del capitalismo mundial, hacia la construcción de un apartheid mundial con zonas de sacrificio para las poblaciones “excedentes” a las necesidades del capital, que cada vez tiene más dificultades para asegurar su acumulación. Palestina es el futuro del mundo. Hace décadas que se “ensayan” con los palestinos nuevas tecnologías de represión, vigilancia y matanza, desde armas infrasónicas y electromagnéticas para el control de multitudes, hasta mecanismos de reconocimiento facial, hoy utilizados por la mayoría de las fuerzas de seguridad y ahora incluso por grupos reaccionarios4. “Forjadas” en las masacres de Gaza y en la vigilancia en los campos de refugiados y en los puestos de control fronterizos de Cisjordania, estas tecnologías se venden como “probadas en combate” a Estados nación de todo el mundo, sirviendo Palestina como un laboratorio de violencia capitalista-imperialista.

Es urgente hoy una política liberada no sólo de los aparatos estatales, horizontes electorales y burguesías imperialistas, como también de los intereses inmediatos y de la “seguridad” de las clases medias y aristocracias obreras del Norte global. La lucha contra el genocidio en Palestina, siendo la imagen del futuro del imperialismo en todo el mundo, levanta horizontes mucho más allá de sí misma. Enarbola, cualquiera que sea la coyuntura hacia la que nos dirigimos y cualesquiera que sean las tareas concretas que nos imponga, la bandera de la lucha internacional para construir el Partido Comunista. El colonialismo de asentamiento en general y el genocidio actual en específico no sólo exterminan más allá de las clases, sino que nivelan la estructura de clases: tanto la masacre como la lucha por la supervivencia inmediata en Palestina hacen, por lo tanto, que la cuestión de la tierra sea la cuestión que enfrenta más inmediatamente al proletariado como una cuestión de vida o muerte para millones de personas en Palestina y el resto del mundo. Esta cuestión, la del vínculo con la tierra entrelazado con la resistencia a la expropiación, la expulsión y el exterminio, aún es relevante. Si bien las respuestas ya no son las mismas que en 1871 o 1917 (reforma agraria, liberación nacional, etc.), los comunistas no pueden ignorarla, a riesgo de permanecer ajenos a las luchas reales de estos millones de explotados y oprimidos. El imperativo de acabar con el imperialismo, no sólo en Gaza, sino en todo el mundo, implica que el programa de lucha sea contra el capitalismo en general: o sea, sin ser el comunismo una fuerza real capaz de intervenir en la lucha contra el imperialismo y por la tierra, el proletariado de las naciones enfrentadas al genocidio sólo puede sobrevivir disolviéndose en fuerzas burguesas, las que se ven obligadas a luchar contra el imperialismo que también las masacra hoy, pero que mañana no tendrán otra opción sino mirarlo como modelo a seguir. La época histórica de las burguesías revolucionarias ya pasó y no volverá.

Más que nunca, “sí a la paz, no a la guerra” es una consigna tan vacía de contenido político como las celebraciones de la Comuna de París por los partidos opuestos a la dictadura del proletariado, como el P “C” P5. El programa convocado por la práctica de la resistencia palestina —la insurgencia contra los ejércitos coloniales, la destrucción de las prisiones y la liberación de los presos, el ataque a las condiciones de reproducción de las metrópolis imperialistas— es uno cuyas implicaciones deben ser articuladas en nuestra perspectiva de la revolución mundial, abordando el accidentado terreno de las guerras anticoloniales nacionales y las fuerzas de clase que éstas pueden desencadenar, y de su integración en la venidera guerra civil del proletariado mundial contra la burguesía que necesariamente acompaña a la revolución comunista.

Una guerra de liberación nacional nunca será una revolución comunista, pero la represión de ambas por el capitalismo e imperialismo está entrelazada. Mientras la Comuna era amenazada tanto por el ejército francés como por el prusiano, los obreros alemanes atacaron su industria bélica con una oleada de huelgas para detener las armas que matarían a sus hermanos comuneros en París, una posición que Engels elogió como uno de los primeros casos de derrotismo revolucionario e internacionalismo proletario. El apoyo dado por los comunistas a las guerras nacionales anticoloniales es siempre contingente, y aquí la línea a seguir deberá surgir de la iniciativa de los proletarios sublevados en los regímenes árabes colaboracionistas, y de los futuros comunistas que se forjarán en esos combates. No hay ninguna duda ni contingencia, entretanto, sobre el deber de los comunistas y de los trabajadores del núcleo imperial de luchar siempre por la derrota de nuestros países, porque no es posible que un pueblo sea libre mientras oprime a otro; o, más concretamente, es imposible que el proletariado sea libre mientras se identifica e integra materialmente en la nación que lo oprime a él y a sus hermanos de clase. Reconocer esto, en la teoría y en la práctica, es la única forma de ayudar a construir el Partido Comunista como fuerza mundial y de llevar hasta las últimas consecuencias la guerra contra la guerra: es la única forma de celebrar 1871.

La clase obrera no esperaba de la Comuna ningún milagro. Los obreros no tienen ninguna utopía lista para implantar par decret du peuple [por decreto del pueblo]. Saben que para conseguir su propia emancipación, y con ella esa forma superior de vida hacia la que tiende irresistiblemente la sociedad actual por su propio desarrollo económico, tendrán que pasar por largas luchas, por toda una serie de procesos históricos, que transformarán las circunstancias y los hombres. Ellos no tienen que realizar ningunos ideales, sino simplemente liberar los elementos de la nueva sociedad que la vieja sociedad burguesa agonizante lleva en su seno.6


  1. Las Fuerzas de Movilización Popular, en general, fueron, con el difunto régimen de Assad, el eslabón más débil del Eje, y estuvieron entre las primeras fuerzas que se negaron a escalar contra Israel.
    https://dasrukamao.substack.com/p/the-iraqi-resistance-at-further-glance
    https://www.washingtoninstitute.org/policy-analysis/iraqi-militias-downscaling-their-anti-israel-actions
    https://apnews.com/article/iraq-us-islamic-state-isis-pmf-withdrawal-coalition-b9194ed8e8ad944b15aaf7e41337912c↩︎
  2. Una afirmación polémica viniendo de Portugal, más aún a la luz de nuestra impotencia actual, pero que se encuentra reflejada tanto en el análisis/estrategia y retórica de Yemen como como en otros posicionamientos provenientes de la región. Vease, por ejemplo: https://robashlar.substack.com/p/gaza-a-human-matchstick↩︎
  3. Como la relación con Turquía, que mantiene todo tipo de relaciones con Israel y es, por supuesto, una pieza clave de la OTAN, y a Qatar, formó parte de la coalición liderada por Arabia Saudí contra Yemen, y también los esfuerzos realizados por China para reconciliar a
    la OLP con Hamas.↩︎
  4. Por ejemplo, los hooligans del club Betar de Estados Unidos, que con otras organizaciones sionistas y de derecha de los Estados Unidos, ayudaron en el doxxeo de varias figuras del movimiento pro Palestina, como Calla Walsh↩︎
  5. Nota del traductor: Partido Comunista de Portugal, con comillas en “Comunista”.↩︎
  6. Nota del Traductor: tomado de https://www.marxists.org/espanol/m-e/1870s/gcfran/guer.htm↩︎

Sobre Palestina y la inutilidad de los liberales occidentales, traducción de un texto de Caitlin Johnstone

Sobre Palestina y la inutilidad de los Liberales Occidentales.

Caitlin Johnstone. 3 de Marzo 2024.

Hay un exasperantemente común tipo de liberal que pretende oponerse a las acciones de Israel en Gaza mientras al mismo tiempo dice apoyar «el derecho de Israel a existir», como si la existencia de Israel pudiese separarse de alguna manera de sus asesina naturaleza genocida. Este es un Estado que literalmente no puede existir sin una constante violencia y tiranía, como lo demuestra toda su historia desde su inicio. Desde su origen fue constituido como una colonia del imperialismo occidental, y eso es lo que ha sido desde entonces.

La historia ha establecido de manera concluyente que no es posible imponer un Estado étnicamente puro sobre una población previamente existente en el que esta población preexistente sea subordinada legalmente al nuevo grupo sin tremendas cantidades de guerra, violencia policial, desplazamientos forzados, apartheid, privación de derechos y opresión. Esto no es rebatible. Es un tema resuelto.

¿Es posible tener una nación en la que los judíos sean bienvenidos y respetados? Por supuesto. Existen muchas naciones así fuera de israel, y la mayoría de los judíos del mundo viven en ellas. Lo que **no** es posible es un Etnoestado en la Palestina histórica donde la población preexistente sea tratada como inferior a la población judía sin que esto implique por necesidad violencia, abuso y tiranía permanente. Esta es una evidente contradicción en fines, pero es lo que los liberales que debatimos aquí pretenden que es una posibilidad razonable.

Definitivamente podría haber un Estado en esa región donde los judíos y los palestinos puedan coexistir pacíficamente, pero sería extremadamente distinto del Israel de hoy en día que no podrías pretender que fuera el mismo Estado que el que vemos ahora. Implicaría un una transformación tan dramática de la civilización israelí, un desmantelamiento tan comprehensivo del profundamente enraizado racismo, una reestructuración tan drástica de los sistemas existentes de gobierno, tanto trabajo, sacrificio, humildad, trabajo interior y reparaciones, que sería un sinsentido llamarlo por el mismo nombre.

Y eso no es de lo que los liberales en cuestión están hablando cuando dicen que se oponen a las atrocidades de Israel en Gaza, pero que «apoyan el derecho de Israel a existir». Lo que quieren decir es que desean que Israel sea el Estado tiránico y de apartheid que siempre ha sido, pero que paren las masacres. Quieren que la injusticia continúe, pero quieren que las manifestaciones más violentas de esta injusticia les dejen de causar disonancia cognitiva. Quieren el Status Quo, pero sin el asesino salvajismo que es necesario para la existencia del Status Quo. Quieren creer que viven en una tierra imaginaria de fantasía donde eso es posible.

Para que esta fantasía aparezca más creíble, los liberales pretenden que la violencia que vemos puede ser culpada exclusivamente en el gobierno de Netanyahu, como si las cosas fuesen bien sin Bibi en el poder a pesar de que en los hechos los abusos de Israel empezaron mucho antes de que él apareciera, y a pesar de que las atrocidades en Gaza cuentan con el apoyo de la amplia mayoría de los israelíes. La violencia israelí no es resultado de Netanyahu, Netanyahu es resultado de la violencia israelí. El construyó su carrera política sobre sentimientos que ya estaban ahí.

También se cuentan a si mismos cuentos de hadas acerca de una solución de dos Estados para validar su postura, ignorando hechos inconvenientes como que oficiales israelíes han estado declarando abiertamente que nunca existirá un Estado palestino, que la mayoría de los judíos israelíes masivamente se oponen a esa medida, y a que se construyen asentamientos israelís en los territorios palestinos con el fin explícito de hacer imposible una solución de dos Estados. Los liberales se creen estas fantasías como un especie de apaciguador cognitivo, que les permite relajarse y sentirse bien consigo mismos a pesar de que no están apoyando ninguna propuesta viable que vaya hacia la justicia.

Y para ser claros esto no es sólo lo que piensan los liberales entorno a Israel-Palestina; son todas sus posiciones ante cualquier cosa. Ante cualquier tema su postura es poco más que «mantengamos el Status Quo, pero hagamoslo más psicológicamente confortable para mi.» Nunca quieren hacer lo correcto, sino solo sentir que hacen lo correcto. La suya es una ideología imperialista, militarista, tiránica y oligárquica con un montón de estampas de justicia social que les hacen sentir bien pegadas encima. Una bota en tu cuello y una flor en su cabello.

Eso es lo que son los liberales. Es quien siempre han sido. Phil Ochs publicó la canción «Love Me, I’m a Liberal» (ámame, soy un liberal) en 1966, y no han cambiado un ápice desde entonces. Los temas cambian, así que sus argumentos cambian, pero sus valores de «mantengamos el Status Quo pero hagamos que me sienta bien al respecto» han sido los mismos desde hace generaciones.

Lo impensable de la revuelta de esclavos

Aquellos que dicen que Israel sabía de los planes de Octubre 7 desde el principio están reempaquetando un viejo tropo colonial que afirma que los nativos son demasiado dóciles, demasiado sumisos, demasiado cobardes, y demasiado inferiores para revelarse contra sus opresores.

Por Zubayr AlikhanPublicado en Mondoweiss el 8 de Febrero, 2024

El 7 de octubre de 2023, los palestinos lanzaron la operación decolonial más grande en la historia de Palestina. Serrucharon sus grilletes, destruyeron su celda, atravesaron la pared de hierro. Los palestinos tomaron los cielos. Cegaron las cámaras, cortaron las comunicaciones, y penetraron en los asentamientos. Paralizaron una potencia nuclear colonial y pusieron al imperio de rodillas. Cortaron el cordón umbilical de impenetrabilidad, seguridad y dominio sacrosanto, vital para todo proyecto colonial.

Inmediatamente, los escribas y políticos del imperio, los administradores coloniales, conservadores y liberales — sobre todo liberales — pusieron manos a la obra. Su tarea tenía dos direcciones: asegurarse que el mundo viera a los nativos como hordas salvajes, bárbaros, animales, la quintaesencia del mal — aquí, los liberales rápidamente olvidaron la corrección política y se apresuraron a condenar — y, simultáneamente, re-establecer el domino.

El primer objetivo tomó por asalto al mundo, pero para cualquiera con la mente clara siempre fue una falacia y ahora ha sido incansable y completamente desacreditado. El segundo, por otra parte, permeó en el cerebro de muchos, aún aquellos potencialmente bien intencionados, sin saberlo. Este re-establecimiento del imperio se ha manifestado de varias maneras: los palestinos no podían haber roto el cerco ellos solos, no podían haber penetrado el domo de hierro, los sistemas de seguridad de Israel son demasiado avanzados para haber sido sobrepasados o desarmados — Israel “les dejó hacerlo”.

Sin perder un instante, una operación sin precedentes que rompió con la noción de invencibilidad imperial fue reinterpretada como una herramienta imperial. Era parte de un plan maestro imperial para atrincherar y expandir aún más el dominio — los nativos eran peones inconscientes a disposición de un poder colonial omnisciente e intelectualmente superior. De esta corriente de pensamiento — y hacia ella — emanan otras verdades, medias verdades, y mentiras que ponen en evidencia y solidifican su control. Israel de hecho apoya y creó a Hamas, dicen algunos. Netanyahu planeó esto para ganar las próximas elecciones, afirman otros. Y, mi favorito, — particularmente porque ha sido engordado por los estenógrafos del New York TimesIsrael supo todo desde el principio.

Seguramente el próximo descubrimiento será que Israel sabía de la Operación Inundación de Al-Aqsa antes que los propios palestinos, que ellos lo elucubraron, y lo plantaron en las mentes de los palestinos. Apuntalando todo esto — y constituyendo su razón de ser — está lo impensable de la revuelta de esclavos (o nativos).

Lo impensable de la revuelta de esclavos es un concepto introducido por Michel-Rolph Trouillot para explicar las respuestas Imperiales de Occidente, los silencios, y el silenciamiento de la Revolución Haitiana. Mientras Trouillot lo usa en relación con el imperialismo del siglo XVIII, esta impensabilidad aplica perfectamente al presente — el imperio, sus ideologías, su colonialismo, sus genocidios y sus colonias, no son el pasado a ser estudiado, sino una realidad material y violenta que se experimenta hoy en día.

La reacción más común en Francia, Inglaterra, España y los Estados Unidos ante el estallamiento de la Revolución Haitiana fue el descreimiento. La noticia era falsa. Los hechos —al igual que hoy los hechos en torno a la Inundación de Al Aqsa — eran demasiado improbables. De cualquier modo, los hechos tenían que ser falsos, porque los negros, como los palestinos, eran bestias sin conciencia, salvajes, latigueados hasta la docilidad, flojos, desorganizados, e inferiores — eran categóricamente incapaces de pensar una operación así, más aún de organizarla ellos mismos o de llevarla a cabo.

Aún si de alguna forma habían conjurado espíritus y logrado estos milagros, la superioridad intelectual, militar, económica y racial de los blancos aseguraban que serían rápidamente sofocados, encadenados y devueltos al trabajo una vez más. El problema, sin embargo, era precisamente que Occidente estaba reaccionando — a posteriori — e inventando explicaciones mientras los negros y los palestinos hacían lo impensable, activamente neutralizaban a las fuerzas coloniales, y reclamaban su tierra.

Lentamente y a regañadientes, la realidad de los hechos caló. Noticias sobre las inmisericordes hordas negras masacrando a los blancos llegaron a Europa, y los sionistas proclamaron de nuevo los “Horrores de Santo Domingo”. Las noticias que habían racionalizado de varias formas — los hechos categóricos eran, son, impensables. De ahí, la revolución era un “repercusión desafortunada de los malos cálculos de los dueños de plantaciones”, la Inundación de Al Aqsa era el resultado de “una cascada de tropiezos que llevaba años” por parte de Israel. “No buscaba un cambio revolucionario,” no buscaba la decolonización, “no era apoyada por la mayoría de la población esclava”, era Hamas actuando sola y los palestinos no lo apoyaban, “era obra de agitadores”, Irán lo había instigado, “era la… consecuencia de varias conspiraciones confabuladas por no-esclavos”, había “fugas en la inteligencia israelí”. Con los negros y los palestinos intelectualmente nulos, “cada grupo escoge a su enemigo favorito como el más probable conspirador [y] se acusan uno a otro de ser el cerebro detrás de la revuelta.” En Haití eran los británicos, los monárquicos, los mulatos; en Palestina la mente maestra era Irán y, detrás de ellos, Rusia y China.

Aquí, algunos correrán a lanzar insultos o acusarme de ingenuidad por despreciar el deslumbrante hecho del conocimiento previo del sionismo (como si yo fuese el imperio). Debo de clarificar. Nada de lo que he dicho es para insinuar que el régimen sionista no sabía — aunque mi instinto aún duda en creerlo — sino decir que la operación era impensable para ellos, que su saber/no saber es irrelevante, y que la forma en que se desarrollaron los hechos y su consecuencia está fuera de sus omnipotentes manos, y caen en las manos de los palestinos, los dueños de la tierra y de la resistencia.

Es interesante que, entre todo el trabajo de taquigrafía imperial presentado en la investigación del Times sobre la Inundación de Al Aqsa, hay una línea que ha sido la más ignorada y descontada en el esfuerzo de bombardear los sucesos inesperados del 7 de octubre de vuelta al dominio del imperio, bajo sitio o, mejor aún, fuera de la memoria.

Luego entonces, esta línea, puede ser retomada por tener una potencial verdad: > “[Israel mantuvo la] idea fatalmente equivocada de que Hamas no tenía la capacidad de atacar y que no se atrevería a hacerlo… [una] idea tan arraigada en el gobierno israelí… que descartaron la evidencia que señalaba lo contrario.”

Nótese la percepción de la incapacidad palestina —y la docilidad consecuencia del miedo — así como el reconocimiento que la operación era tan visceralmente impensable que los sionistas, así como los europeos de 1792, descreían a sus propios ojos. Así es la arrogancia del imperio, y ahí se encuentra su destrucción.

El imperialismo descansa en esa idea, en la centralidad y la supremacía de si mismo sobre aquellos que esperan la conquista y la civilización. La primacía del imperio se basa en la subalternidad del Otro. La superioridad imperial se basa en la inferioridad de los nativos. Aún así, paradójicamente, esta subalternidad e inferioridad es indispensable para la primacía y superioridad del imperio y lo europeo. Eventos como la Revolución Haitiana, el Atentado del Milk-Bar1, y la Inundación de Al Aqsa, invierten, revierten o destrozan completamente estas jerarquías.

Por esto, para el nativo, esta violencia es una “fuerza desintoxicadora,” “Libra al colonizado de su complejo de inferioridad, de sus actitudes contemplativas o desesperadas. Lo hace intrépido, lo rehabilita ante sus propios ojos.”2 En consecuencia, si el nativo es librado de su complejo de inferioridad, ya no es inferior; si ya no es inferior, el colonizador ya no es superior; si el colonizador ya no es superior, la idea del imperio se ve comprometida, los ídolos colapsan, y el imperialismo cae.

Así, Fanon escribe “es precisamente en el momento en que [el nativo] se da cuenta de su propia humanidad cuando empieza a afilar las armas que le darán la victoria.” La función de las teorías que racionalizan dilucidando lo impensable se hace aparente — is la preservación del dominio, de la jerarquía, del futurismo colonial, del ser imperial.

La amenaza planteada por cualquier acto de resistencia de los nativos en cualquier parte del mundo colonizado no es sólo una amenaza material a su objetivo inmediato o el señorío local sino un azote a la existencia del imperio y el imperialismo como un todo. En las siempre pertinentes palabras de Ghassan Kanafi 3, “el imperialismo ha posado su cuerpo sobre el mundo, la cabeza en el Este Asiático, el corazón en el Medio Oriente, sus arterias alcanzando África y América Latina. Donde sea que golpees, le dañas, y ayudas a la Revolución Mundial.”

Debo concluir con una explicación. Tuve la idea de este artículo desde el 7 de octubre. He pensado en escribir esto desde ese día pero me encontré impedido a hacerlo por la devastación del genocidio. ¿Cómo puedo escribir de algo que no sea el genocidio? En efecto, mientras leías este artículo un niño palestino — el alma de la vida de alguien — fue asesinado en Gaza. Cada 7 minutos. Mientras los días se hacían meses, pensar, hablar, o escribir acerca de algo más se sentía cada vez más inapropiado, incluso inmoral. Tras debatirme sin fin, recordé el patrón de la historia colonial — tras un acto de resistencia de los nativos viene la brutalidad más feroz y desenfrenada del colonizador. Está pensada para enseñar una lección, para hacer que el nativo olvide sus triunfos — cuan pequeños sean — para sumergirlo en fuego y ahogarlo en sangre hasta que es consumido. No podemos dejar que este borrado de su conquista pase sin ser confrontado.

Mientras miramos a las agencias de noticias, los políticos, los ideólogos, y los espectadores hacer explicaciones para descartar lo que no tiene precedentes, quitándoles a los palestinos su agencia — y su humanidad — debemos reconocer que están en juego los engranes de la maquinaria imperial, desinfectando, civilizando y trivializando. Mientras caen las bombas en Gaza, buscando destruir en los palestinos la memoria de su victoria, enterrando el vislumbramiento de su liberación en los escombros y borrando en la memoria del mundo su presencia, no podemos olvidar. El 7 de octubre, palestina derribó el orden mundial imperial y hoy, o mañana, en diez años o en cien, será libre.


  1. Se trata de un atentado durante la lucha por la independencia de Argelia, donde las guerrilleras del Frente Nacional de Liberación introdujeron bombas a los cafés de la barrio francés de Argelia. El evento está representado en la película de Gilo Pontecorvo La Batalla de Argel. Nota del traductor.↩︎
  2. Franz Fanon, Los Condenados de la Tierra, traducción de Julieta Campos. Nota del traductor.↩︎
  3. Autor palestino, militante del Frente Popular de Liberación de Palestina, asesinado por el Mossad en Beirut en 1972. Nota del traductor.↩︎

El rol de la Autoridad Palestina se ha vuelto el deslegitimizar a la resistencia palestina.

La AP se ha vuelto una herramienta para deslegitimizar a la resistencia armada palestina, yendo más allá de la cordinación de seguridad con Israel. Frente al genocidio que Israel realiza en Gaza, se ha vuelto un colaborador directo.

Samer Jaber – Mondoweiss – 28 de Enero, 2024.

(Traducción Benjamín Argumento)

La Autoridad Palestina (AP) funciona como una herramienta apara deslegitimizar a la resistencia armada y obstruir el surgimiento de un liderazgo nacional alternativo. Israel, junto con sus aliados estratégicos —Estados Unidos y Europa Occidental —usan estratégicamente a la AP no sólo para deslegitimizar a la resistencia armada, sino también para impedir que facciones que son rechazadas por el aparato político estadounidense representen al pueblo palestino.

Esta estructura aboga por un Estado Palestino con soberanía limitada, desmilitarizado y, notablemente, no como un objetivo independiente sino como resultado de un acuerdo negociado. Además, la estructura para un acuerdo político excluye el derecho de los ciudadanos palestinos de retornar a sus hogares — uno de los principios fundamentales de la causa palestina.

La dirección oficial palestina, dirigida por el presidente de la AP Mahmud Abbas, tiene control tanto sobre la AP como sobre los espacios de decisión y las instituciones de la Organización por la Liberación de Palestina (OLP). Esta dirección no sólo aceptó el esquema político empujado por Estados Unidos, también fracasó en lograr cualquiera de sus objetivos nacionales, poniendo en riesgo a toda la causa palestina. Desde que fue establecida en 1994, la existencia de la PA y su alineamiento con las políticas de Estados Unidos han dado a Israel el tiempo y las condiciones para avanzar su política de asentamientos coloniales, especialmente en Jerusalén, sin ser interrumpida.

Desde el inicio de la guerra de Israel contra Gaza el 7 de Octubre, el liderazgo oficial palestino ha aumentado sus actividades en el rol que los Estados Unidos habían planeado para él. La dirección de la AP ha publicado varias declaraciones, sea en entrevistas o en discursos televisados, principalmente concentrados en condenar y desaprobar a la resistencia armada. Dicen que las facciones armadas no representan al pueblo palestino, y algunos han culpado a las facciones de la resistencia, especialmente a la Resistencia Islámica (Hamas), de actuar de forma irracional por enfrentar militarmente al formidable Israel, lo que causó la crisis humanitaria en Gaza.

En un discurso político en el noveno día de la guerra, el presidente de la AP criticó a Hamas, afirmando que sus acciones no representan al pueblo palestino. Enfatizó que la OLP, que ellos controlan, es el único representante legítimo del pueblo palestino y resaltó el papel de la resistencia pacífica como el único medio legítimo para oponerse a la ocupación Israelí. Vale la pena notar que esta declaración fgue retractada por su oficina, pero efectivamente sugirió un rechazo a la lucha armada y un cuestionamiento a su legitimidad.

Hussein al-Sheik, Secretario General del Comité Ejecutivo de la OLP y uno de los potenciales sucesores del presidente Abbas, resaltó en una entrevista a finales de diciembre con Reuters la importancia de tener una Autoridad Palestina gobernando tanto Cisjordania como la Franja de Gaza. Al-Sheik, deslegitimizando el enfoque político de Hamas, pidió que esta hiciera «un balance serio y honesto, y reconsiderara todas sus políticas y métodos». Esta declaración desencadenó una fuerte condena de parte de las demás facciones palestinas.

A mediados de Enero de 2024, Ahmad Majdalani, un ministro de la AP y miembro del comité ejecutivo de la OLP, afirmó en una entrevista que «Hamas en su forma actual, con su programa actual, y su discurso político actual, es una organización terrorista». A pesar de que las palabras de Majdalani recibieron un rechazo generalizado de los ciudadanos palestinos, no se retractó de su postura.

Riyad al-Maliki, el ministro de relaciones exteriores de la AP, delineó las condiciones para que Hamas pudiese ser integrada en la AP en una entrevista en árabe para Euronews del 22 de Enero, 2024. Estas condiciones incluyen que Hamas se transforme en un partido político, que renuncie a la lucha armada, y que entregue sus armas. Enfatizó que Hamas tenía que reconocer todas las resoluciones de la ONU sobre Palestina, en especial la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU 242 y 338, enmarcando el conflicto en las fronteras de 1967, lo que quiere decir que no debía de hablar del conflicto político que había antes de esa fecha.

Al-Maliki resaltó que si Hamas quería ser considerado un grupo legítimo, debería reconocer el derecho de Israel a existir sin usarlo como moneda de cambio. Más importante aún, le pidió a Hamas reconocer la elgitimidad de los acuerdos de paz de Oslo, que dieron pié al establecimiento de la AP. Al imponer estas condiciones, que no sólo Hamas, sino varias facciones de la resistencia palestina rechazan, tenía como objetivo comunicar que los métodos de la dirección oficial palestina son los únicos legítimos para llevar adelante la lucha palestina.

No sorprende la posición de la AP, considerando que los acuerdos interinos de paz de Oslo con Israel, que delinean el rol de la AP como contratista de seguridad para Israel a cambio de ciertos beneficios específicos relacionados a administrar las poblaciones palestinas. La AP ha cumplido obedientemente este mandato, llevando a cabo de manera rutinaria arrestos y vigilancia individual, sin importar si están implicados en acciones contra Israel o son activistas en contra de las prácticas corruptas de la propia AP.

La AP, estratégicamente, no sólo tiene como objetivo deslegitimar a la resistencia sino también ha aumentado sus acciones represivas contra esta. Reprimió manifestaciones y marchas en apoyo a Gaza en ciudades de Cisjordania, disparando contra los manifestantes y atacándolos, con el resultado de varias muertes palestinas. Además, la AP ha detenido recientemente a individuos que han expresado su apoyo a la resistencia palestina. Simultáneamente, la AP y su partido político, Al Fatah, han orquestado manifestaciones en apoyo al presidente Abbas. En estos eventos y el redes sociales, miembros de Fatah y de su aparato de seguridad han señalado a cualquiera que critique las posturas de la AP como gente que siembra la división entre el pueblo palestino y el liderazgo de la AP.

Además, la administración Biden, al considerar los escenarios que se abren después de la guerra para lidiar con la Franja de Gaza, y asumiendo una victoria de Israel, ha contemplado asignar a la AP el rol de administrar la Franja., en colaboración con fuerzas Norteamericanas y las llamadas fuerzas internacionales. De acuerdo a numerosos reportes en medios, incluido The Washington Post, el Secretario de Estado de Estados Unidos ha sostenido discusiones con Abbas, quien ha expresado su disposición de participar en ese arreglo.

La AP ha ido más allá de los límites de una coordinación de seguridad con Israel y ahora está predominantemente implementando una agenda de seguridad alineada con los Estados Unidos e Israel. Esto ha colocado a la AP en una posición difícil, haciendo arduo el justificar ante los palestinos de a pié porqué esas acciones son necesarias, en particular ante la guerra de Israel en Gaza. Consecuentemente, la AP es cada vez más percibida como un colaborador directo con Israel. Este sentimiento está reflejado en la última encuesta, donde el 60 por ciento de los palestinos pide la disolución de la AP, y 90% exige la renuncia del presidente de la AP Mahmud Abbas.

Morena no puede ser parte del movimiento en solidaridad con Palestina

Morena no puede ser parte del movimiento en solidaridad con Palestina

Desde una perspectiva pragmática, tomando en cuenta los fines de cada actor, Morena no puede ser parte del movimiento en solidaridad con Palestina. La solidaridad con el pueblo palestino tiene que partir de nuestra comprensión de que la partición de Palestina por parte del mandato británico fue un proyecto colonial e imperialista, y es el origen del problema. La corona británica facilitó, armó y entrenó por décadas a un grupo de colonos europeos para que estos despojaran a los árabes palestinos y mantuvieran el control de Palestina una vez acabado el mandato. Un movimiento genuino en solidaridad con Palestina no puede reconocer a un “Estado de Israel” que surge del despojo y la limpieza étnica y sólo se puede sostener vía nuevos despojos y limpiezas étnicas, como es evidente hoy en día.

Por otro lado, la prioridad de Morena, en cuanto partido de Estado, es mantener la normalidad diplomática en sus relaciones con Israel, específicamente los acuerdos internacionales como el Tratado de Libre Comercio, así como los diversos acuerdos de entrenamiento de las fuerzas armadas del Estado con “expertos israelíes” 1, desde la SEDENA o la Guardia Nacional a nivel federal hasta las policías estatales o municipales. Por todo esto, la postura política de Morena no puede pasar de una tibia censura a “los abusos”, y un llamado a que se “cumplan las leyes internacionales” cuando a ojos vistas Israel está cometiendo crímenes de guerra un día y otro también, y no hay ley que lo toque o sanción que lo alcance.

La cancillería mexicana ha reconocido el “derecho de Israel a defenderse”. Cualquier solidaridad con Palestina debe pasar por no reconocer ese “derecho”. Israel es una potencia colonial, que nace del apoyo directo del Imperio Británico cuando este todavía controlaba India y buena parte del continente africano, de tal forma Palestina era sólo una pieza más en su imperio, pero como no tenía una justificación para mantener su control sobre las antiguas colonias Otomanas en el Medio Oriente, se dedicó a dibujar fronteras y dejar regímenes títere, como las coronas Saudí o Hashemita de Jordania. En el caso de Israel y Líbano, que se encuentran sobre las tierras que alguna vez ocuparon los reinos cruzados en el Medioevo, los imperialismos francés y británico buscaron dejar Estados que serían forzosamente sus vasallos, en Líbano Francia quiso dejar un país Cristiano Maronita, que estaría en conflicto con sus vecinos musulmanes, y en Palestina el imperialismo británico utilizó a los judíos para crear una colonia que estaría perennemente en conflicto tanto con sus vecinos árabes y musulmanes, como con su propia población no-judía. Al ser un país aislado de sus vecinos, dependiente de la ayuda internacional, Israel no tenía otro destino más que volverse la punta de lanza del imperialismo en la región. Reivindicar el “derecho” de Israel a defenderse es reivindicar ese aparato de guerra permanente que el imperialismo británico generó para sus intereses, y que hoy el imperialismo gringo ha tomado como propio. Recordemos las palabras de Joe Biden: “Si Israel no existiera, Estados Unidos tendría que inventar uno para defender sus intereses en el Medio Oriente”.

Partiendo de esa reflexión, podemos ver que el compromiso del Estado y la cancillería Mexicana con Israel no sólo está forzado por los acuerdos políticos y comerciales con ese Estado, sino que forman parte de la sumisión general en la que el Estado mexicano se encuentra con respecto al imperialismo gringo. Y en ese sentido, daría lo mismo si se tratara de Morena, o de sus rivales del PRI o del PAN, por mucho que haya algún espacio de maniobra para uno u otro gobierno, y que estos se puedan llevar mejor con los Demócratas o aquellos con los Republicanos, la política del Estado mexicano se da en el marco general de su sumisión a Estados Unidos, de la que por mucho que se escurran o retuercen (o se tomen fotos con Fidel Castro como Echeverría o Salinas de Gortari) los diversos gobiernos no pueden escapar. Y esa espada tiene dos filos, así como Morena no puede escapar a los lazos que también atarían a un gobierno del PRI o el PAN, así tampoco podríamos tener dentro de un movimiento genuino de solidaridad con Palestina al PRI o al PAN. No podemos luchar en contra del imperialismo de la mano de sus lacayos. Ni siquiera de los lacayos que hacen gestos de indignación como Morena.

Morena, heredera del PRI al fin y al cabo, no es un instituto político con un ideario o programa claro. Es un instituto político presidencialista, lo era aún antes de que AMLO fuese presidente, en el sentido en que siempre fue un instituto político construido en torno a un liderazgo personal, y eso le dio las características de ser patriarcal, centralista y poco democrático que hereda del PRI. Donde manda capitán, no gobierna marinero y el presidente no sólo dijo que no iba a cortar relaciones con Israel (ni siquiera llamar a consulta al embajador), todas las críticas a la masacre y limpieza étnica se han dado en el marco de un pacifismo burgués e institucional. Todas han tenido la forma de denunciar “los abusos” de Israel, y ser solidario con Palestina no se puede limitar a denunciar “los abusos”, como si existiera una forma “no abusiva” de mantener el control colonial de Palestina, o de hacer una limpieza étnica que es lo que ha estado sucediendo las últimas 7 décadas y un lustro. Las críticas al genocidio en Gaza no se pueden quedar en el marco de una crítica pacifista a “la guerra”, como si se tratara de dos ejércitos confrontados y no de una ocupación colonial y la resistencia a dicha ocupación.

La “solución de dos Estados” es una impostura.

El imperio británico partió ilegalmente Palestina en dos mitades desiguales, dándole el 56% del país a la entidad sionista, y sólo el 42% a la mayoría árabe palestina, pero esa partición nunca fue implementada, porque desde el día en que acabó el mandato británico, los grupos terroristas de Hagana, Irgún y la Banda Stern, bajo el liderazgo de Ben-Gurión, violaron esa partición y pasaron a ocupar casi toda palestina, salvo Cisjordania que acabó ocupada por el reino Hashemita de Jordania hasta la guerra de 1967. En ese año, tras la guerra, las Naciones Unidas emitieron una resolución (242) que recomendaba a Israel devolver los territorios ganados en esa guerra a cambio de paz con sus vecinos. Dicha resolución, aparentemente, abría la puerta al nacimiento de un “Estado Palestino” en el 22% del territorio de Palestina histórica, pero la realidad era muy distinta.

En primer lugar, ni las potencias imperiales ni Israel se comprometieron nunca con un Estado Palestino viable. En 1982, Ronald Reagan decía que los Estados Unidos no apoyarían el establecimiento de un Estado Palestino en Gaza y Cisjordania, pero que tampoco apoyarían el control permanente de Israel de esos territorios, sino que había un tercer camino hacia la paz que pasaba por una administración palestina de Gaza y Cisjordania (que no sería un “Estado independiente”)2. En una entrevista reciente, Mark Regev, asesor del gobierno de Netanyahu, citó a Isaac Rabin (laureado junto con Yasser Arafat con un “premio Nobel de la paz” por “traer el fin al conflicto en Palestina”) para afirmar que nunca se ha pensado en un Estado palestino, ni siquiera en el programa de paz de Rabin. “Un Estado palestino podría tener un ejército o hacer un acuerdo de defensa con Irán”, argumentó Regev para decir que un autogobierno palestino sólo es tolerable si no es propiamente un Estado.

Los poderes estatales que Israel considera inadmisibles para los palestinos son el control de sus fronteras, de su espacio aéreo y de sus costas, y la capacidad de hacer acuerdos internacionales con otros Estados, así como la capacidad de tener fuerzas armadas más allá de cuerpos de policía. Es decir, el único poder que se toleraría a un Estado palestino es el de administrar a la población palestina bajo la tutela de Israel.

Desde que se promulgó la resolución 242 de la ONU, Israel no ha dejado de expandirse ilegalmente en Cisjordania, y lo hacía en Gaza, donde mantenía asentamientos ilegales, hasta 2005. El “Estado palestino” ya no podría ocupar el 22% del territorio de la Palestina histórica, sino una serie de ciudades y aldeas aisladas unas de otras por asentamientos, muros y carreteras de los sionistas, en Cisjordania, mientras Gaza lleva décadas de ser “el campo de concentración más grande del mundo”, o “la prisión a cielo abierto más grande del mundo”, para citar dos de las frases más usadas para describir la situación que existía antes de 8 de Octubre de este año. Es decir, la viabilidad de un Estado palestino medianamente soberano es menor y menor cada año.

Según el historiador israelí Ilan Pappé, el ánimo en la esfera política israelí en los años sesenta, era que “los acuerdos de paz son el camino para expulsar a los árabes”, es decir, que en vez de la guerra abierta y la masacre, la izquierda política israelí veía una serie de acuerdos con los palestinos como la vía para limitar tanto su resistencia como su soberanía. Es en ese contexto en el que hay que analizar el único aspecto que puede considerarse positivo de la resolución 242, y sobre todo de los posteriores Acuerdos de Oslo, que se basan en esta: el reconocimiento de un cuerpo político palestino como interlocutor de Israel, cosa que no había existido antes de 1967. Fue así como la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), una coordinación de distintos grupos de resistencia seculares, fue primero considerada como interlocutor, y después como gobierno de la Autoridad Nacional Palestina (que siempre ha estado muy lejos de ser un Estado), y fue así como el grupo central de la OLP, Al Fatah, se hizo del control de dicho cuerpo político, control que no les ha ganado un centímetro de tierra, ni ha podido evitar las masacres que regularmente ejecuta Israel, ni ha podido detener los asentamientos ilegales, ni ha podido establecerse como un Estado. Pero Al Fatah sí logró otra cosa, tener un financiamiento de Estados Unidos y la Unión Europea, y cierto reconocimiento: cada vez que hay una masacre en Gaza, los gobiernos internacionales llaman a Mahmud Abbas, que tiene poca incidencia en la franja controlada por Hamas.

Isaac Rabin, Bill Clinton y Yasser Arafat en la Casa Blanca, 1993.
Isaac Rabin, Bill Clinton y Yasser Arafat en la Casa Blanca, 1993.

 

Así, aquello que durante décadas pareció la vía a una “solución de dos Estados”, no ha tenido como resultado sino corromper a la resistencia secular palestina3 para volverla una policía que regula la resistencia palestina a la ocupación sionista, y poco más. Fue por eso que los palestinos dieron la espalda a la resistencia secular en las elecciones de 2006 y llevaron al triunfo a la Resistencia Islámica palestina (Hamas por sus siglas en árabe). El triunfo electoral de Hamas fue aprovechado por los sionistas, que lograron que la Autoridad “Nacional” Palestina controlara solo Cisjordania, mientras que Hamas quedó en control de una franja de tierra, con dos millones de habitantes, rodeada y sitiada por las fuerzas sionistas. Esta división fue aprovechada para circular una narrativa maniquea que pintaba a Hamas como “lo mismo que ISIS”, y justificaba en esto, así como en el uso de la palabra “terrorista”, las repetidas masacres e invasiones de Gaza por parte de las fuerzas de ocupación sionistas (2009, 2012, 2014, 2018, y lo que sucede este 2023).

¿Dónde queda, entonces, la posibilidad de un “Estado palestino” al lado de Israel? ¿Estamos pensando que ese “Estado palestino” existiría entre las carreteras, muros y asentamientos ilegales de los sionistas en Cisjordania? ¿O que ese “Estado palestino” podría establecerse en las ruinas humeantes de Gaza una vez que las fuerzas sionistas “acaben con Hamas” (es decir, acaben con la resistencia palestina)?

No es el papel de un movimiento de solidaridad dar recetas o soluciones, pero una genuina solidaridad con Palestina necesariamente debe pasar por reconocer que el Estado de Israel existe por la limpieza étnica de 1948 y sólo puede sostenerse por nuevas y constantes violencias, luego entonces el Estado de Israel no tiene derecho a existir, y la solución al conflicto en Palestina pasa por acabar con el estado de Apartheid que Israel ha impuesto en toda palestina, tanto en la parte que nombra “Israel”, donde los judíos son los únicos ciudadanos de plenos derechos, como en Gaza y Cisjordania, que son partes del mismo Estado, donde los habitantes no tienen derecho a la autodeterminación, y en muchos casos tampoco a la vida o a la propiedad, ya que, repito, las masacres y destrucción sionistas son recurrentes. Por eso en todo el mundo se ha levantado el eslógan “del río hasta el mar”, porque pedimos la libertad para toda Palestina. Porque la solución al problema en Palestina no puede venir de un pseudoestado Palestino a conveniencia de la potencia ocupante, sino debe de pasar por el fin de la ocupación colonial, y por una realidad política donde todos los habitantes tengan los mismos derechos sin importar su identidad étnica o filiación religiosa.

El SME no importa.

Un actor central del incipiente movimiento de solidaridad con Palestina en México ha sido el Sindicato Mexicano de Electricistas, o mejor dicho, una burocracia que reclama el nombre de un sindicato que ya no existe. Para que exista en la realidad un sindicato, tiene que haber una relación obrero-patronal, tiene que haber un contrato colectivo y tiene que haber una materia de trabajo. Hoy el SME no tiene nada de eso, no existe la relación obrero-patronal, el SME no tiene ningún contrato colectivo y la materia de trabajo está en manos de la Comisión Federal de Electricidad y del SUTERM. Cuando yo entré por primera vez al auditorio del SME, en el sexenio de Fox, fue porque estaba participando en el Frente Nacional de Resistencia contra la Privatización de la Industria Eléctrica, y uno de los objetivos de ese frente, que encabezaba el SME, era luchar contra la privatización vía los contratos subrogados de servicios o producción de energía eléctrica. Hoy lo que queda del SME es una cooperativa que presta servicios a la CFE vía contratos subrogados, es decir, el SME pasó de ser un baluarte en la lucha contra la privatización de la industria eléctrica a ser un beneficiaro directo de la misma. Si esto no es una traición a sus principios de hace dos décadas no sé qué sea, pero la historia no acaba ahí.

Ante el decreto de Felipe Calderón que desaparecía la empresa Luz y Fuerza del Centro, la dirección actual del SME hizo aspavientos de que iba a encabezar una lucha, pero no lo hizo. Llamó a una “Huelga Política Nacional” la que tardó meses en convocar y, una vez estallada, duró horas. Ese día, los agremiados del SME no tomaron ninguna subestación, no tomaron siquiera unas oficinas, se limitaron a pararse con mantas y banderas unas cuantas horas, y ante los primeros embates represivos la dirección actual del SME llamó a sus agremiados a regresar a sus casas. Después de eso, la dirección actual del SME se dedicó a perder el tiempo de mil maneras distintas, incluido un llamado a formar un “instituto político de los trabajadores” en la forma de un registro de APN ante el IFE del cual dudo que se acuerde alguien hoy en día pero con el que Martín Esparza y compinches dieron atole con el dedo a los últimos ilusos que les creían. Hoy difícilmente el SME pueda juntar un contingente de mil personas para una marcha. Y por eso les digo, el SME no importa.

Cuando los burócratas del SME hablen de sus bases o sus agremiados, no hay porqué creerles. Lo único que les queda a esos burócratas es un deportivo en Coapa y un auditorio en la Tabacalera, medios que definitivamente son útiles y hay que aprovechar, pero que no dan mayor peso a los que hoy se pretenden dirigentes de los trabajadores electricistas. Esa burocracia sólo sabe organizar eventos y poner sonidos, ese es el límite de sus facultades y ese es el peso que hay que darle a sus dirigentes en asambleas o encuentros.


  1. No olvidemos que la “experiencia en seguridad” de los entrenadores israelíes viene de la vigilancia y el control carcelario que la entidad sionista mantiene en Gaza y en menor grado también en Cisjordania.↩︎
  2. Pronunciamiento del 1 de Septiembre de 1982, citado en Wikipedia: https://en.wikipedia.org/wiki/United_Nations_Security_Council_Resolution_242#Content↩︎
  3. Donde cabe reconocer al Frente Popular de Liberación de Palestina haber roto con los acuerdos de Oslo.↩︎

Cartel convocando a la marcha por el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino

Hice este cartel para convocar a la marcha del Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino, en CDMX.

La realicé en Inkscape, la fuente que usé es Jost*. Reciclé el mapa de Palestina de otro cartel, y la textura de la Kufiya de otro más.

Cartel convocando a la marcha del día internacional de solidaridad con el pueblo palestino en CDMX.
Cartel convocando a la marcha del día internacional de solidaridad con el pueblo palestino en CDMX.

El cartel está fuertemente inspirado por otros carteles de la gráfica de resistencia palestina, en particular este del FPLP.

Cartel del FPLP de 1976, realizado por Marc Rudin/Jihad Mansour (1945-2023)
Cartel del FPLP de 1976, realizado por Marc Rudin/Jihad Mansour (1945-2023)

Como es costumbre, pueden descargar los vectores libres de derechos patrimoniales de OpenClipArt.

Cartel convocando a la marcha en solidaridad con Palestina del 19 de Noviembre

Cartel convocando a una marcha en solidaridad con Palestina.
Cartel convocando a una marcha en solidaridad con Palestina, en la CDMX el 19 de Noviembre.

Cartel que realicé en Inkscape para convocar a una de las varias acciones que habrá en solidaridad con la resistencia Palestina y contra el genocidio que están realizando los sionistas en Gaza. El cartel está fuertemente inspirado en gráfica de la resistencia palestina, en específico carteles del Frente Popular de Liberación de Palestina.

Cartel del Frente Popular de Liberación de Palestina.
Cartel del Frente Popular de Liberación de Palestina. «El primero de mayo, la unidad de la clase obrera garantiza la continuidad de la revolución.

Para rehusar uno de los elementos del cartel, hice este otro afiche pidiendo la libertad para Ahed Tamimi.

Afiche pidiendo la libertad de la activista palestina Ahed Tamimi.
Afiche pidiendo la libertad de la activista palestina Ahed Tamimi.

Como siempre, pueden bajar los vectores libres de derechos patrimoniales de OpenClipArt.

Cartel para la marcha en contra del genocido en Palestina del 5 de Noviembre

Cartel convocando a la marcha contra el genocidio en Palestina.
Cartel convocando a la marcha contra el genocidio en Palestina. 5 de Noviembre, 16:00hrs en la Ciudad de México.

Realicé este cartel en Inkscape inspirado en varios carteles palestinos de los años 70 y 80, para la marcha del 5 de Noviembre en la Ciudad de México. La bomba es una bomba hecha en USA JDAM, como las que efectivamente están usando los sionistas para destruir Gaza. La fuente es Work Sans.

Como es costumbre, pueden descargar los vectores libres de derechos de OpenClipArt.

Por desgracia para ellos, el colectivo organizador de la marcha no adoptó este cartel, así que lo circulé libremente. Al parecer tanto el mapa de Palestina como la consigna de romper relaciones con Israel no fueron del gusto de los organizadores, que están por el plan fallido de «la solución de dos Estados».

Sobre Palestina, el orden internacional y las «soluciones» con Estados.

La «solución de dos Estados» en Palestina es una imposibilidad, y lo ha sido por décadas. El supuesto «Estado Palestino» incorporaría a Gaza y a Cisjordania pero, por un lado, no tendría continuidad territorial, serían dos enclaves al interior de Israel; por otro Cisjordania ya está plagada de asentamientos ilegales que hacen imposible un control político palestino; y por último Israel NO va a permitir que un Estado. Palestino controle ni el espacio aéreo ni sus fronteras.

Para que la «solución de dos Estados» sea viable, haría falta que Israel retire los asentamientos ilegales de Cisjordania, cosa harto improbable porque, de hecho y en este momento, el gobierno sionista está armando a los colonos radicales sionistas y permitiendo que estos realicen pogromos contra la población Palestina en Cisjordania, bajo el cobijo del bombardeo en Gaza.

Una solución de un sólo Estado, se llame «Israel» o «Palestina», donde toda la población tenga los mismos derechos sin importar su identidad étnico-religiosa se antoja como la mejor solución, la que lograría una paz durable, pero es sumamente complicado si no imposible que los judíos sionistas renuncien a su proyecto de un Etnoestado (es decir un Estado étnicamente «puro»).  Sin embargo, por décadas, esta fue la postura histórica de la Organización por la Liberación de Palestina de Arafat, una Palestina laica donde pudieran convivir ambos pueblos.

Así que el problema no tiene una solución fácil, y las únicas «salidas realistas» que se ven ahora son o culminar la limpieza étnica de Palestina y que triunfe el proyecto sionista, o la derrota militar de Israel a manos del «eje de la resistencia».

Ninguna de ambas parece fácilmente accesible, y ambas implicarían más muertes y sufrimiento de civiles.

Por otro lado, cualquiera de estas «salidas» acerca más la posibilidad de escalar esto a una guerra mundial.

Así que la solución que propongo, que tal vez suene sumaria y demasiado abstracta, es luchar contra nuestros propios Estados. Por un lado es cierto que ningún Estado traerá la liberación, pero por otro lado es cierto que el proyecto sionista no existe en el vacío, se sostiene de un sistema imperialista internacional, del que todos y cada uno de los Estados es parte. Será rebelándonos contra ese orden internacional, que a la vez paga el genocidio e impide cualquier sanción en la ONU como podremos, significativamente, luchar al lado del pueblo palestino. Será luchando contra la complicidad de nuestros Estados como, a la vez, traeremos a la luz su carácter de instrumento de opresión de clase, y su lugar en el sistema internacional, sea de nación dominada o de potencia imperialista.

Y sí, tal vez me voy muuuuy lejos diciendo que la solución al problema en Palestina es la revolución social ahí donde estés, pero en verdad no veo otra salida.

¿Cómo va a sancionar la ONU a Israel si USA y GB tienen veto?

¿En verdad vamos a poner nuestras esperanzas en el «eje de la resistencia»? No hay ningún Estado bueno, pero la misógina teocracia iraní o el gobierno de Assad están muy lejos de ser «los menos malos».

Si la salida no son las sanciones de la ONU ni la victoria en una guerra internacional, lo único que queda es la revolución social.

Ahí donde estamos, y en los centros de poder imperialistas.

Que la guerra se transforme en «el seno de la revolución» no dependerá de ningún determinismo histórico, sino de nuestras acciones, por pequeñas que nos parezcan.